La oración de san Francisco: texto completo, quién la escribió y qué significa

La oración de san Francisco: texto completo, quién la escribió y qué significa

La oración de san Francisco es una querida oración cristiana por la paz que comienza: «Señor, hazme un instrumento de tu paz». San Francisco de Asís no la escribió; apareció por primera vez de forma anónima en 1912, pero refleja tan de cerca su espíritu que desde entonces ha llevado su nombre.

¿Qué es la oración de san Francisco?

La oración de san Francisco, también llamada oración por la paz, es una oración breve que utilizan cristianos de muchas tradiciones. Su mensaje es sencillo, de espíritu bíblico y fácil de llevar a la vida: en vez de pedir solamente paz a nuestro alrededor, pedimos a Dios que nos convierta en personas que lleven paz a los demás.

No es pasiva. No se limita a desear que desaparezcan el odio, la ofensa, la duda, la desesperación, la oscuridad y la tristeza. Pide a Dios que actúe por medio de quien reza, para sembrar amor, perdón, fe, esperanza, luz y alegría en situaciones reales.

Sus características:

  1. Comienza con Dios: la oración pide al Señor que forme a quien está rezando.
  2. Es una misión de paz: la paz se recibe de Dios y se lleva al mundo.
  3. Es un modelo de virtud cristiana: el amor, el perdón, la fe, la esperanza, la luz y la alegría responden al sufrimiento.
  4. Invierte los impulsos egoístas: pasa de buscar consuelo, comprensión y amor a consolar, comprender y amar.
  5. Espera más allá de esta vida: la última frase apunta a la vida eterna con Dios.

El texto completo, traducido de la versión en inglés

Señor, hazme un instrumento de tu paz: donde haya odio, que yo siembre amor; donde haya ofensa, perdón; donde haya duda, fe; donde haya desesperación, esperanza; donde haya oscuridad, luz; donde haya tristeza, alegría.

Oh, divino Maestro, concédeme que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, ser amado como amar. Porque dando es como recibimos, perdonando es como somos perdonados y muriendo es como nacemos a la vida eterna. Amén.

¿Quién escribió realmente la oración de san Francisco?

No fue san Francisco. La oración apareció por primera vez de forma anónima, en francés, en 1912, en una pequeña revista llamada La Clochette, y su autor sigue siendo desconocido.

La relación con Francisco surgió después, cuando la oración se imprimió en una estampa con su imagen. Su mensaje encajaba tan bien con su fama de humildad, pobreza, paz y amor por la creación que la gente comenzó a considerarla suya.

Se hizo conocida durante las dos guerras mundiales, cuando los cristianos buscaban palabras para expresar dolor, misericordia, reconciliación y esperanza; en una época de violencia, «hazme un instrumento de tu paz» tenía una profunda fuerza espiritual. La explicación honesta es esta: Francisco no compuso la oración, pero ella lo refleja hermosamente.

San Francisco de Asís y el espíritu de la oración

San Francisco de Asís (aprox. 1181-1226) fue un santo italiano conocido por su humildad, sencillez, amor a los pobres, cuidado de la creación y deseo de seguir de cerca a Cristo. Su fiesta es el 4 de octubre.

Francisco renunció a la riqueza y a la posición social para llevar una vida de pobreza, oración, servicio y paz. Buscó la reconciliación en lugar del conflicto y veía toda la creación como perteneciente a Dios. Mientras rezaba ante un crucifijo pintado en la capilla en ruinas de San Damián, oyó que Cristo le pedía «reconstruir mi iglesia»; consulte la historia de la cruz de San Damián.

La oración tiene un espíritu franciscano porque no es grandiosa ni complicada. Pide un corazón transformado, lo bastante pequeño, humilde y amoroso para que la paz de Dios pase a través de él.

¿Qué significa cada frase?

La oración es fácil de memorizar, pero cobra mayor riqueza cuando se reza despacio. Cada frase nombra una herida del mundo y pide a Dios una respuesta de gracia.

  1. «Señor, hazme un instrumento de tu paz». La oración comienza con la entrega: no solo recibir paz, sino ser útil en las manos de Dios.
  2. «Donde haya odio, que yo siembre amor». Al odio no se responde con más hostilidad, sino con un amor activo, paciente y valiente.
  3. «Donde haya ofensa, perdón». Cuando se ha causado daño, pedimos la gracia de perdonar. Esto no niega la justicia ni el dolor, pero se niega a dar la última palabra a la venganza.
  4. «Donde haya duda, fe». La duda puede ser confusión, temor o incertidumbre espiritual; pedimos que nuestra presencia ayude a otros a confiar en Dios.
  5. «Donde haya desesperación, esperanza». La desesperación dice que nada puede cambiar. La esperanza, arraigada en Dios, dice que la gracia sigue siendo posible.
  6. «Donde haya oscuridad, luz». La oscuridad puede significar pecado, duelo, ignorancia o desánimo; la luz es la verdad, el consuelo y la presencia de Cristo.
  7. «Donde haya tristeza, alegría». La alegría cristiana es más profunda que un estado de ánimo alegre: es el gozo de saber que Dios está cerca, incluso en el dolor.
  8. «Oh, divino Maestro, concédeme que no busque tanto…». La oración pasa de las necesidades del mundo a los deseos de nuestro propio corazón y pide a Dios que corrija nuestro egoísmo.
  9. «…ser consolado como consolar». Queremos consuelo cuando sufrimos; la oración nos enseña a prestar atención a los demás y consolarlos.
  10. «Ser comprendido como comprender». En vez de exigir que los demás vean primero nuestro punto de vista, pedimos la humildad de escuchar.
  11. «Ser amado como amar». El deseo de ser amado es bueno, pero pedimos un amor que dé antes de recibir.
  12. «Porque dando es como recibimos». En el reino de Dios, la generosidad no es una pérdida; al entregarnos encontramos gracia, libertad y comunión.
  13. «Perdonando es como somos perdonados». Perdonar a los demás abre el corazón a la misericordia y nos recuerda nuestra propia necesidad del perdón de Dios.
  14. «Y muriendo es como nacemos a la vida eterna». Habla tanto de la renuncia diaria a uno mismo como de la esperanza cristiana después de la muerte: en Cristo, la muerte es una puerta, no el final.
  15. «Amén». Un «sí» lleno de fe: que así sea, Señor.

Cuándo se utiliza la oración

Por ser sencilla y profundamente humana, la oración se adapta a muchas ocasiones:

  1. Bodas, como recordatorio de que el amor matrimonial se construye sobre la entrega, la comprensión, el perdón y la paz.
  2. Funerales, donde «nacemos a la vida eterna» ofrece esperanza y consuelo cristianos.
  3. La construcción de la paz: reuniones comunitarias, celebraciones de reconciliación, retiros y momentos de conflicto.
  4. La oración personal diaria, especialmente en momentos de enojo, división, duelo o desánimo.
  5. La oración en clase y en familia, donde niños y adultos aprenden formas concretas de practicar el amor y la misericordia.

Muchas personas mantienen estas palabras a mano. Una tarjeta Prayer of Saint Francis, con texto en inglés cabe en un escritorio o una mesa de oración, y las estampas laminadas de san Francisco de Asís, con una oración al dorso, vienen en paquetes de 25 para una clase, un retiro o un funeral. Una medalla de san Francisco es un recordatorio diario de ser una persona que construye la paz. Para profundizar, el libro en inglés Make Me an Instrument of Your Peace reflexiona sobre cómo vivir la paz de Cristo en un mundo dividido.

Cómo rezarla cada día

Léala despacio, elija una frase para poner en práctica y pida a Dios que le muestre dónde hace falta paz ese día:

  1. Comience en silencio. Recuerde que la paz viene de Dios antes de llegar a los demás por medio de usted.
  2. Rece toda la oración despacio, haciendo una pausa después de cada frase.
  3. Elija una frase para el día. «Donde haya ofensa, perdón» puede ser la frase que necesita antes de una conversación difícil.
  4. Nombre una situación real. «Señor, ¿dónde me pides que siembre amor, esperanza o alegría hoy?».
  5. Termine con una acción: envíe el mensaje, pida disculpas, escuche con más paciencia, perdone, anime o sirva.

Rezada de esta manera, la oración se convierte en un examen diario del corazón y en una guía amable para la vida cristiana.

Cómo enseñar la oración a los niños

Los niños comprenden la oración mediante palabras sencillas y ejemplos concretos. Enseñe un par de ideas a la vez: odio y amor, tristeza y alegría, oscuridad y luz.

  1. Comience con una frase. «Hazme un instrumento de tu paz», y explique que un instrumento es una herramienta que se utiliza para hacer algo bueno.
  2. Dé ejemplos cotidianos. Sembrar amor puede significar compartir, incluir a un compañero que está solo o hablar con amabilidad.
  3. Dibújenla. Los niños pueden dibujar la oscuridad y la luz, la tristeza y la alegría, o a alguien ayudando a una persona herida.
  4. Utilice frases y respuestas. Un adulto dice: «Donde haya odio», y los niños responden: «Que yo siembre amor».
  5. Relaciónela con la acción. «¿Cómo podemos llevar paz a nuestra casa, a la escuela o a nuestros amigos hoy?».

Preséntela como una manera de aprender que Dios nos ayuda a ser amorosos, capaces de perdonar y valientes, sin imponerles la carga de resolver todos los problemas.

Una oración que se convierte en una forma de vivir

La oración de san Francisco perdura porque es sencilla y exigente a la vez. Se reza en menos de un minuto, pero pide una vida entera orientada hacia la paz, la misericordia y el amor que se entrega. Récela mañana por la mañana, elija una frase y busque el momento de su día en que pueda sembrarla. Así es como una oración anónima de 1912 sigue haciendo lo que hizo el propio Francisco: convertir a personas comunes en instrumentos de la paz de Cristo.

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